Hay días que me toca escribir artículos en clave positiva (lo que me encanta, ya que soy un optimista empedernido) y otras en las que no tengo más remedio que echar un jarro de agua fría y hablar de aspectos menos felices de la realidad actual, o al menos de mi percepción de ella.En este caso toca hablar de la realidad de la búsqueda de inversión en España.
La frase que titula el artículo (“Los business angels son los padres”) se la debemos a mi amiga Clara Soler, y refleja en un tono divertido y ácido la realidad actual: cada día es más habitual escuchar a gente ( incluso yo mismo en el pasado) que transmitimos el mensaje de que si tu proyecto es bueno encontrarás dinero antes o después…
Pues lo siento, pero es mentira. O si lo preferís, no es cierto tal como está expresado. La realidad desgraciadamente es bastante más complicada.
¿UNA BURBUJA DE EMPRENDIMIENTO?
En los últimos dos años se ha producido un fenómeno absolutamente genial y necesario para el ecosistema español: el comienzo de la legitimación de la figura del emprendedor. Y digo legitimación con toda la intención, ya que hasta no hace mucho emprender parecía algo reservado a un tipo de persona especial, o peor todavía, era una actividad para “cuando no tenías nada que hacer”… ya he escuchado más de una vez:
¿Que vas a emprender? ¿No te sale ningún trabajo? Igual es mejor que estudies algo para tener mejor curriculum.
Este cambio de tendencia creo que es positivo, y poco a poco la figura del emprendedor va cobrando prestigio en la sociedad española. El problema es que, como siempre, tendemos a la sobrecompensación. Si hace unos años el ser emprendedor era una locura y el haber fracasado una lacra, ahora parece que el péndulo oscila hacia el lado opuesto… y ahora todo el mundo tiene que ser emprendedor. Nos dicen por activa y por pasiva que los emprendedores son la autentica salida de la crisis (cierto sólo a medias), y que si te has quedado en paro lo mejor que puedes hacer es emprender.
Desde mi punto de visto es una actitud irresponsable y que trivializa el proceso de emprender, algo que aunque es posiblemente lo más satisfactorio a nivel profesional que puedes hacer, también es de lo más complicado y que mayor desgaste (personal y profesional) implica.
De hecho, creo que empieza a sentirse en el inconsciente colectivo la sensación de que existe cierta “burbuja” alrededor de este mundo, y es algo que es difícil discutir…. ya que por ejemplo, y según el informe GEM (Global Entrepreneurship Monitor) de 2011 para España, la tasa de actividad emprendedora creció un 35% respecto a 2010.
¿Negativo? En absoluto, creo que la descriminalización de la figura del emprendedor, del permiso cultural para el fracaso y de la consciencia de que las empresas innovadoras son parte de la solución del problema (no la clave, al menos a corto plazo) son elementos absolutamente positivos… pero ¿que efecto produce esto en el ecosistema? Y sobre todo… ¿que tiene que ver todo este rollo con el encabezado del artículo?
¿Y QUIEN PAGA LA FIESTA?
Pues en mi opinión, lo tiene que ver todo. Ese auge de actividad emprendedora nos ha llevado a un incremento importante del número de proyectos que inician su actividad (algo estupendo ya que la tasa de mortalidad empresarial española es muy alta)… pero que implica un notable aumento en la cantidad y calidad de la competencia.
Como ya hablamos hace algún tiempo, la búsqueda de financiación para una startup en este país es un proceso complicado, ya que existe un importante hueco en el ciclo de vida de financiación, concretamente en las fases más iniciales… donde el modelo de negocio no está validado, no ha demostrado su rentabilidad y no está produciendo unos ingresos más o menos estables.
¿Por qué? Los motivos son varios, pero creo que de nuevo tiene que ver con la madurez del mercado inversor: hemos vivido “al calor” de una burbuja inmobiliaria donde todo el mundo (excepto unos pocos) invertía en un activo físico, tangible y fácil de entender: el infame ladrillo. Ahora sin embargo le estamos pidiendo a ese grupo de inversores que inviertan en innovación, en productos avanzados que muchas veces no entienden o en servicios intangibles que operan en una cosa que según parece se llama “la nube”.
La reacción es no absolutamente censurable, más bien lo contrario, es comprensible y lógica: un inversor no debería invertir nunca en algo que no entiende. Pero el resultado también es desgraciadamente demoledor: existen muy pocos inversores que realmente sean capaces y estén por la labor de invertir en startups. De hecho, la mayoría aun entendiendo, lo hacen en momentos algo más seguros, es decir, cuando está validado el modelo de negocio.
Resultado: un mercado donde por un lado existe una superabundancia de proyectos, algunos de ellos excelentes y que están ya validando su modelo de negocio, y por otro lado, donde existen muy pocos inversores cualificados que estén dispuestos a invertir en negocios innovadores
Para muestra un botón: En CVBAN, asociación de la que formo parte, durante 2011 (datos de la memoria de gestión) llegaron 170 proyectos, de los cuales únicamente consiguieron inversión 3 (1,7%). Si a eso le sumamos los 20 adicionales que aportaron los propios socios, las estadísticas mejoran sustancialmente, y quedarían de la siguiente manera: Proyectos recibidos 190, proyectos invertidos 23 (11,9%)
Esto como resulta obvio lleva a una tremenda competencia donde, aunque efectivamente hay dinero, únicamente va a proyectos absolutamente excelentes y de primera línea que han sido capaces de demostrar un modelo de negocio rentable, escalable y repetible. En una palabra:
No hay dinero para todos, ni siquiera para los buenos. Solo hay dinero para unos muy pocos proyectos excelentes.
Sí, es una situación injusta, y no implica que tu proyecto no sea bueno. Posiblemente lo sea, pero no has tenido la ocasión de validar a fondo el modelo. O se te ha acabado la “pasta” antes de poder pivotar. Lo único que dice es que, en un mercado donde existe muchísima oferta y poca demanda, la demanda sólo la cubren las mejores ofertas.
¿ENTONCES NOS RENDIMOS?
Jamás. Rendirse jamás (ojo, no es lo mismo no rendirse y pivotar que obcecarse en un modelo que no funciona). Lo que hay que hacer es adoptar un enfoque mucho más pragmático, una actitud de superviviente y plantearnos otras formas de empezar… lo que nos lleva al título del artículo, y a una de las figuras claves del emprendimiento: La familia en general y los padres en particular.
Así como en otros ecosistemas emprendedores más maduros es absolutamente común que los familiares inviertan en un proyecto de su hijo/sobrino/cuñado (ojo, no he dicho “ayuden”, sino “inviertan”), en España es algo casi considerado tabú. ¿Culpables? Los sospechosos habituales:
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Una figura del emprendedor considerada como negativa
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Una tolerancia al fracaso bajísima
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Unas carencias de educación graves
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… y sobre todo, el miedo a “arruinar a la familia”
Un miedo absolutamente legítimo, pero que deberemos sopesar cuidadosamente con nuestro nivel de creencia y apuesta por el proyecto. En otros entornos el flujo mental es diferente:
Tengo un negocio entre manos absolutamente revolucionario, y tengo el firme convencimiento que será capaz de generar una rentabilidad altísima… así que con los primeros con los que quiero compartir dicha rentabilidad es con mi familia.
En resumen, tienes que encontrar una forma de financiar la travesía por un trozo importante del “valle de la muerte” hasta que hayas validado el modelo de negocio… en mi opinión tu familia, amigos y conocidos deberían ser los que te acompañen en ese camino, por que siento decirlo, va a ser muy complicado encontrar un inversor, y posiblemente el proceso de búsqueda te haga perder mucho tiempo, foco e ilusión.
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Aún así, y si las famosas 3Fs no son una opción para ti existen otras “aproximaciones de guerrilla” para abordar éste proceso:
- Financiarte con tus propios flujos de caja: Dicho de otra forma, la empresa se desarrolla y crece pagando ella misma y con su propia tesorería toda la “fiesta”. Es extremadamente lento, poco escalable y hace que nos debamos centrar en buscar la rentabilidad muy pronto… pero ¿es posible?
- Conseguir dinero con tu trabajo: emprendedores como Pau García-Milá cuentan que, al no conseguir financiación en sus primeros pasos, decidieron optar por prestar servicios vendiendo su conocimiento (ya sea arreglando bicicletas, haciendo declaraciones de la renta o vendiendo páginas web). Si, es una de las peores opciones ya que te quita tiempo de lo más importante, que es tu empresa… pero piensa un poco: ¿tu empresa puede existir si no inyectas dinero?
¿QUE OPINAS? ¿QUE EXPERIENCIAS TIENES AL RESPECTO?


[…] antes de llegar al siguiente hito, y que no puedes continuar. Y, o tiras la toalla, o te pones a buscar financiación a mitad de proyecto, algo muy poco recomendable. Mejor empieza cuando hayas conseguido el dinero […]
[…] de los dichos más habituales dentro del mundo de la inversión privada, y que muchos de los business angels con los que trabajo repiten habitualmente […]
Yo opino que lo importante es intentarlo, si crees en un proyecto y lo intentas tirar adelante, aunque finalmente no se consiga el objetivo esperado, lo más importante es haberlo intentado, y aprender de ello.
Me gusta un cuento de motivación que descubrí un dia, que lo he encontrado en Youtube de Tu coach de éxito https://www.youtube.com/watch?v=pAY3abAI4oo
Al final creer en un mismo es lo que te hace avanzar, y no dejar de intentarlo.
Saludos y enhorabuena por el artículo.